Anónimo es el segundo disco de estudio de Juana Aguirre, artista con una trayectoria ya marcada por su anterior proyecto musical Churupa. Desde aquel trabajo, comenzó a concebir su arte desde una mirada más intimista, en la que, según sus propias palabras, se desdibujan los límites entre la producción y la composición.
Desde este espacio propongo una lectura subjetiva, que asocia y vincula dimensiones que exceden lo meramente musical. El universo que crea Juana para esta obra es ambicioso y profundo.
Parto de la imagen de la tapa del disco, que remite a una obra cubista o abstracta. Para este artículo, me enfocaré en la dimensión cubista. Por definición, el cubismo es un movimiento artístico que irrumpió en Europa en 1907. Se caracterizó por proponer una visión geométrica que descomponía la realidad en distintas perspectivas, explorando los objetos desde todos los puntos de vista posibles. Si bien su campo fue principalmente el de las artes visuales, su filosofía expresa un quiebre con la mirada renacentista, y una apuesta por ver la vida desde múltiples perspectivas al mismo tiempo. No hay una única forma de analizar la realidad, sino una sumatoria de puntos de vista simultáneos.
La base teórica en la que se apoyó parte del pensamiento cubista fue la del filósofo Henri Bergson, quien desarrolló la teoría de la duración del tiempo como algo subjetivo. Diferenció entre el tiempo mecánico y físico (medible, cuantificable) y el tiempo real: cualitativo, subjetivo y continuo. Bergson sostiene que el tiempo vivido es un flujo constante, donde el pasado y el presente confluyen sin orden lineal, como una conciencia que se transforma sin cortes.
Esta idea del tiempo como duración continua se vuelve audible en Anónimo. Al igual que en el cubismo, donde los objetos se muestran desde múltiples perspectivas simultáneas, Juana Aguirre construye un disco donde los géneros, texturas y climas musicales conviven y se superponen en tiempo real.
El disco se siente como una experiencia no lineal. No se trata de una progresión de temas con estilos distintos, sino de una mezcla constante de sonidos que se contradicen, se complementan y se funden. Como en el cubismo, las diferentes capas de sonido no ilustran una historia, sino que crean un ambiente donde el discurso se vuelve personal e íntimo.
Anónimo no se ata a un solo género, ni a un origen claro, ni a un presente determinado. Mezcla zambas con sintetizadores, electrónica con raíces folklóricas, voces con efectos que parecen venir del futuro, pero que cargan consigo la tierra del pasado. Esa hibridez no es caprichosa: es el resultado de una conciencia musical que no quiere definirse en una sola imagen, sino desplegarse como una duración en movimiento. Donde lo ancestral y lo contemporáneo no son opuestos, sino dos momentos del mismo flujo.
Los sonidos emergen como recuerdos fragmentados de una mente que tiene algo para decir. El logro de Anónimo es representar, de forma humana y clara, esa forma en que vivimos y recordamos: no de manera ordenada, jerárquica o cronológica, sino de modo descompuesto, contradictorio, subjetivo. Le damos más peso a ciertos recuerdos por su carga emocional, los deformamos, los mezclamos. Así también suena este disco: con perspectivas múltiples, difusas, marcadas.
Anónimo no dice quién es Juana Aguirre. Dice que ser alguien, como sonar, es siempre transformarse.

