Anyi es una artista que habita un mundo distinto al nuestro. Los instrumentos, las melodías y las armonías que aparecen en ese universo no responden a lo conocido: funcionan con sus propias reglas, como si vinieran de un tiempo o un espacio ajeno. Similar a Jero Jones, sin una línea cronológica clara que divida pasado, presente y futuro, Anyi mezcla y superpone sin limitarse ni encasillarse en una época o en un concepto. Sin embargo, mientras Jero buscaba reinterpretar la convivencia de esos tiempos con la lupa puesta en la noche, la calle y los recuerdos, Anyi busca generar un espacio donde esa superposición se refleje en un mundo onírico, etéreo, casi como un espejo del interior.
David Lynch alguna vez dijo: “No sé por qué la gente espera que el arte tenga sentido. Debemos empezar a aceptar el hecho de que la vida tampoco tiene sentido”. Y es que sí: hay un intento humano constante de racionalizar los recuerdos, ordenarlos de forma cronológica, asignarles un significado coherente. Incluso en el presente, cuando tratamos de entender un sentimiento, pretendemos que haya una lógica que nos lleve de un punto A a un punto B. Pero la realidad no funciona así, y tampoco el arte. Anyi parece comprenderlo a la perfección.
Su música te lleva desde el primer minuto por un camino amplio, con ventanales enormes a los lados que dejan ver todo lo que hay alrededor. Marca un rumbo, pero permite al oyente detenerse, contemplar y recorrer a su propio ritmo. Los paisajes sonoros se suceden como imágenes momentáneas, espejos íntimos y personales de un estado mental en expansión. Algo similar proponía Remedios Varo en su pintura: en medio de la vorágine del sinsentido encontraba la manera más real e íntima de retratar el entorno, con toda su carga de contradicciones y sin una narrativa lineal.
Remedios Varo (1908–1963) fue una pintora surrealista nacida en Girona, que tras la Guerra Civil se exilió primero en París y luego en México, donde consolidó su obra. Su pintura, detallada y ensoñadora, está poblada de figuras alargadas, arquitecturas imposibles e instrumentos inventados, en un cruce entre ciencia, alquimia y espiritualidad. A diferencia de otros surrealistas, Varo situó a mujeres en el centro de mundos misteriosos como viajeras, creadoras y buscadoras de conocimiento, dotando a su obra de una impronta singular y poética. No pintaba simplemente “sueños raros”, sino metáforas de la experiencia humana: la búsqueda interior, la transformación, el vínculo con lo invisible.
Los paralelismos con Anyi son evidentes. En Crucero Cristal (2019), la portada misma es ya una invitación a un universo ajeno, donde los colores y las formas refuerzan la sensación de un viaje íntimo, subjetivo y fuera de lo común. Del mismo modo, sus canciones incorporan lo onírico no como un escape de la realidad, sino como un componente esencial de la experiencia: aquello que soñamos y aquello que vivimos forman parte del mismo recorrido. Los sueños son, al fin y al cabo, representaciones del inconsciente, y por eso dialogan directamente con lo real. La libertad de superponer, de deformar y reconstruir, aparece tanto en los lienzos de Varo como en la música de Anyi.
La elección de instrumentos, sonidos y texturas refuerza esa idea de viaje no lineal. Los elementos entran y salen de la escena sin la necesidad de permanecer constantes: aparecen, desaparecen, regresan transformados, como recuerdos o intuiciones. Cada canción avanza hacia adelante, pero no teme retroceder para redescubrir un matiz, como si la música misma respirara.
En conclusión, la obra de Anyi logra condensar y reflejar con una honestidad brutal la experiencia humana: crecer, transformar, reconocer los paisajes interiores que construimos con el tiempo. Su música es íntima y expansiva, sensible y contradictoria, incoherente y luminosa. Como la vida misma: absurda, frágil y profundamente real. Escucharla es entrar en un territorio donde los límites se desdibujan y lo cotidiano se vuelve misterioso, donde lo onírico se mezcla con lo vivido y lo transforma en un relato abierto, sin principio ni final. Anyi no solo compone canciones: construye mundos en los que es posible perderse y, al mismo tiempo, encontrarse.

